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LAS HADAS DEL ALMA
Érase una vez una joven renacida a quien el destino situó frente a una entrada en el bosque donde había una mesa con un mantel de algodón y una taza de café humeante. Aunque la mesa estaba en el suelo, parecía que estuviera suspendida en el aire pues un halo de luz profunda y luminosa la rodeaba y la transformaba en etérea y ligera.
La joven no pudo resistir la tentación de sentarse a la mesa y tomarse esa deliciosa taza de café. Cuando lo hizo, se vio envuelta en su propia luz del alma la cual era rodeada a su vez por un arco iris de colores. Miles de hadas presenciaban la escena. Sin duda, la joven había accedido al reino de las hadas y la mesa y la taza de café habían sido la puerta de acceso a la dimensión hadada.
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LA PRINCESA DE FUEGO
Hubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados.  Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y este se explicó diciendo:  - Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.  El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos.  Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante. 
Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo importante. Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron comida y libros.  Cuantos trataban con la princesa salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola prensencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente "La princesa de fuego". Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días Autor.. Pedro Pablo Sacristán
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LA BOLA DE CRISTAL
 Hace muchísimo tiempo, vivía una hechicera con tres hijos de los que desconfiaba, temiendo que desearan arrebatarle su poder. Por eso, transformó al mayor en águila, que se fue a vivir en la cima de una montaña rocosa.  Al segundo en ballena, para que viviera solitario. Ambos podían recobrar la forma humana, tan sólo durante dos horas diarias. El tercer hijo huyó para evitar correr la misma suerte de sus hermanos. Se lanzó a la búsqueda del castillo del Sol de Oro, donde vivía una princesa encantada, esperando su liberación. Ya lo habían intentado veintitrés jóvenes y habían muerto, sólo quedaba una oportunidad y él quería tomarla.  Caminó mucho tiempo, sin encontrar el castillo. De pronto vio dos gigantes que le pidieron que resolviera un conflicto que tenían. Ambos deseaban quedarse con un viejo sombrero mágico que permitía al que lo usase, transportarse al instante a cualquier parte que deseara. El joven pidió el sombrero y se adelantó con él, para que luego los gigantes corrieran a arrebatárselo. Pero estaba tan absorto en sus planes, que se olvidó de los gigantes y suspiró: - ¡Ah, si pudiera encontrar el castillo del Sol de Oro! Apenas dijo esto, estaba en la cima de una montaña, a las puertas del castillo. Entró y buscó a la princesa. Cuando la encontró, se llevó una sorpresa muy desagradable. La princesa estaba llena de arrugas, tenía los ojos turbios, el cabello rojo y el rostro gris. Cuestionó entonces a la princesa por su supuesta belleza, quien le respondió: 
- Esta no es mi verdadera figura. Si quieres ver cómo soy, mira en este espejo que no miente. Y le dio un espejo, en el que pudo ver a la doncella más hermosa que pudiera imaginar. Preguntó entonces, cómo podía ayudarla. - Para romper el hechizo, debes encontrar la bola de cristal y llevársela al brujo. Pero muchos han muerto intentándolo. - Nada podrá detenerme.-dijo- Pero dime qué debo hacer. - Primero bajarás de la montaña, allí encontrarás un bisonte salvaje y lucharás con él. Si lo vences, saldrá de él, un pájaro de fuego, que lleva en su cuerpo un huevo ardiente, el que en lugar de yema, tiene una bola de cristal. Pero no es fácil conseguir el huevo, si el pájaro cae al suelo, prenderá fuego a todo lo que lo rodea y se disolverá junto con la bola de cristal.  El muchacho bajó la montaña y se enfrentó al bisonte, matándolo con la espada. Se levantó entonces el ave de fuego, que salió volando. Llegó entonces en ayuda del joven, su hermano convertido en águila y atacó al ave de fuego, llevándola sobre el mar. La acosó hasta que el ave soltó el huevo, que cayó en la cabaña de un pescador y la incendió. De pronto, una ola gigantesca inundó la playa y apagó el incendio. Era obra del hermano ballena. Cuando el fuego se extinguió, el joven corrió a buscar el huevo.  Encontró el huevo con la cáscara astillada por el golpe y pudo quitarle la bola de cristal. Marchó en busca del brujo y le ofreció la bola de cristal. El brujo se sintió vencido por el joven y le entregó el trono del castillo del Sol de Oro. También le permitió devolver la forma humana a los hermanos. A toda prisa, el joven fue a buscar a la princesa, que lo aguardaba convertida en la resplandeciente belleza que viera en el espejo mágico.  Isabel
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CUENTO DEL PÁJARO Y LA ESTRELLA
Érase una vez una estrella del cielo que se preguntaba cómo sería caminar sobre el planeta al cual ella iluminaba cada noche, o cómo sería caminar o sentir la brisa sobre su piel. Así que le pidió al Hada de la Luna que por un sólo día la transformara en pájaro para poder sentir la libertad de volar en el firmamento, de disfrutar de la belleza de este planeta y de sentir la tierra bajo sus pies. 
El Hada de la Luna le concedió su deseo y la primera sensación que tuvo la estrella, ya convertida en pájaro, es la de haber perdido su luz, sin embargo, su instinto animal la orientaba. La estrella-pájaro saboreó por vez primera el placer del vuelo en libertad, el placer de dejarse llevar a la merced del viento, sin batir sus alas, simplemente, manteniéndolas desplegadas e inmóviles para entregarse a los caprichos del movimiento de la corriente del aire. El ahora pájaro supo lo que era atravesar una nube y sentir la agradable sensación de la calidez de los rayos del sol envolviéndole su alma animal. -¡Uy! Puedo cantar –dijo la estrella-. ¡Qué trino más cautivador y melodioso sale de mí! 
Y con su hermoso cantar, el entonces convertido en pájaro, recorrió sin parar de cantar y piar las colinas y los valles, mientras se dejaba seducir por la belleza natural de nuestro planeta. Un pájaro de bello plumaje se acercó a él y le pidió si podían compartir vuelo en aquella aventura y ambos siguiendo surcando los cielos. Los dos pájaros empezaron a sentirse sedientos y se posaron cerca del río para saciar su sed. ¡Qué ligera, escurridiza y cristalina le pareció el agua al pájaro! La saboreaba y la miraba maravillado. Desde el universo era imposible disfrutar de la sensación de frescura del agua. El otro pájaro le preguntó el porqué de tanta sorpresa y expectación por algo tan normal como el agua, pero no obtuvo respuesta. Siguieron volando y empezó a llover una fina lluvia. Las diminutas gotas atravesaban sus plumas y llegaron a su piel. Un escalofrío recorrió a la estrella convertida en pájaro. -Parece que estás temblando –le dijo su nuevo y único amigo en la tierra-. No entiendo porque te afectan tanto unas simples gotas de lluvia... Pero, de nuevo, sin respuesta.  Los pájaros siguieron volando y la lluvia cesó. El arco iris presidió el cielo y, de nuevo, el pájaro se quedó fascinado ante la belleza de la sublime combinación de colores que vestía el firmamento. -¡Oh, qué bonito! –exclamó. -Sí, a mí también me gusta –le dijo su amiguito- pero no grito de satisfacción cada vez que lo veo. Cualquiera diría que no eres terrícola- afirmó. De nuevo, sin respuesta. 
-¿Vamos al nido? –le preguntó- ¿Por qué no respondes? ¿Dónde está el tuyo? De nuevo, sin respuesta. Simplemente, siguieron volando. Se dirigieron a un paraje natural donde otras especies de animales pacían tranquilamente en los pastos. De pronto, un banco de niebla se asentó en el lugar y un frío húmedo empezó a calarles los huesos. Así que ambas aves debían cobijarse en sus nidos. -¡Vamos al mío! –dijo el nuevo amigo del pájaro-estrella. En el nido, se colocaron uno junto a otro para transmitirse calor corporal y esta nueva y desconocida sensación transmitió tibieza y seguridad al pájaro venido del Universo hasta que se quedó plácidamente dormidito... Lo despertó el Hada de la Luna. -¿No te acuerdas que debes regresar al universo? –le preguntó el Hada. -Sí, pero soy tan feliz aquí... –le respondió, mientras su amigo seguía dormido. 
-Perteneces al cielo estrellado –le dijo el Hada-. ¿No echas de menos tu luz? –le preguntó. -Sí, pero aquí puedo sentir el latido de mi corazón y vivo en movimiento con el momento presente que me acaricia el alma –le dijo el pájaro al hada. -Recuerda que prometiste regresar –le advirtió el Hada de la Luna. Entonces el otro pájaro despertó y el pájaro-estrella le contó toda la verdad. -Regresa –le dijo el pájaro al pájaro-estrella-. Yo seguiré volando cerca de ti en el cielo estrellado. Compartiremos las noches y tú me iluminarás con tu luz estelar. 
-No será lo mismo –le dijo triste, el pájaro estrella. -Bueno, al menos tú siempre estarás ahí todas las noches y tu luz siempre me guiará. Serás mi brújula. Por la mejilla del pájaro-estrella brotó una lágrima y, de este modo, conoció el amargo sabor de la tristeza. Pero la lágrima empezó a transformarse en luz y la luz fue rodeando al pájaro-estrella el cual empezó a batir sus alas hacia el firmamento, que, amorosamente le esperaba... De pronto, volvió a su forma cósmica originaria y se elevó junto al Hada de la Luna, despidiéndose de su amigo pájaro.
Cuentan que todas las noches un pájaro tras recorrer el cielo, siguiendo a una brújula oculta en algún recóndito lugar, susurra a una estrella un bello trino al alba...  Autora: María Jesús Verdú Sacases. El contenido de esta página web es creación y propiedad de la autora y está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual.
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EL HADA Y SU SOMBRA
Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle.  Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos. El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed.  Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo “Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro”. Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela.  Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días… La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. 
Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.  Fuente: Cuentos para Dormir
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LA CASA DE LOS JUGUETES
Cuenta la historia, que en una pequeña aldea donde habitaba poca gente, cerca de las humildes viviendas, había una casa vieja, inmensa y abandonada.
 Se contaban muchas historias distintas de ¡brujas y fantasmas! Nadie se atrevió a entrar nunca al lugar. En el pueblito, se encontraba un grupo de niños que jugaban siempre a ser exploradores;en la Primavera, tres de ellos habían planeado ir a ese lugar tenebroso a escondida de sus padres. Andy, el mayor, Lucy y Manuel, el pequeño. Salieron temprano a su travesía.
Entraron con sumo cuidado a la casa, y Lucy exclamó: -¡Tengo miedo! -¡Tu no te separes de nosotros! ¡Yo te cuidare! ¡Nadie se separe! Dijo Andy. -Miren los muebles antiguos que hay. ¡Esta llena de cosas! Pero esta todo con mucha tierra y telarañas. Dijo Manuel. ¿Habitara alguna persona aquí?  -¡No toquen nada! Y caminemos despacio. Respondió Andy. De pronto unas escaleras que llevaban a la parte subterránea de la casa llamo la atención de Manuel. Éste, sin que sus compañeros se dieran cuenta fue bajando escalón por escalón. Pasaron unos minutos. Asustada dijo Lucy: -¡Andy! ¡Andy! Manu ha desaparecido. ¡No está! Tembloroso dijo Andy: -¡No puede ser! Debe estar por aquí; tal vez se escondió y quiere asustarnos. Lucy y Andy comenzaron a llamar.  " ¡Manu! ¡Manu! ¿Dónde estás? ¿Es una broma? ¡Basta! tenemos miedo."Lucy rompió en llanto. Andy dijo: ¡Es mi culpa! Yo insistí en venir a este lugar. ¡Lucy! No te muevas de aquí, yo recorreré la casa y te prometo que lo encontraré. ¡No te muevas de aquí! Mientras Lucy se sentó en un sillón viejo. Estaba su carita llena de lágrimas. Cuando ¡de pronto!, una cajita de madera con ribetes dorados, comenzó a destellar una luz intensa que estaba frente a los ojos de Lucy, en una sucia mesita.
 Lucy miraba para todos lados intentando ver a alguno de sus compañeros, pero no, estaba sola. Se fue levantando lentamente, caminando hacia la cajita y frente a ella. Lucy tomo fuerzas y dijo: -¿Quién esta allí dentro? -¡Abre, por favor! ¡Abre la caja por favor! Era una voz linda, parecía una niña. Lucy respondió: -¿Me prometes que no me harás daño? -¡Te lo prometo! ¡Te lo prometo! Se escuchó. Abrió la cajita y la sala se iluminó completamente, Lucy retrocedió unos pasos atrás.
Miró y fue tan grande su asombro que dijo: -¡Qué hermosa! ¡Qué bella eres! ¿Quién eres? -Soy el hada guardiana de esta casa. Hacia tantos, tantos años que estaba encerrada en esta caja.
 Lucy llena de asombro preguntó: ¿y quíen te puso en ese lugar? El hada contestó: -¡Es una larga historia! Otro día te la cuento. Pero aquí tengo mucho trabajo que hacer. ¡Está todo abandonado y sucio!
Lucy respondió: -¡Hada! Tú que conoces este lugar podrías ayudarme, estoy con dos niños. Y Manu, el mas pequeño, se perdió. Se escucharon unos pasos, y era Andy que entraba corriendo y dijo: -¿Que fue esa luz inmensa? El hada riendo le dice: -¡Tu eres Andy! El niño quedo inmóvil ante la presencia del hada. Andy dijo: -¡Qué maravilla! ¿Eres un ángel? ¿Viniste a ayudarnos a buscar a Manu? El hada respondió: -¡Soy un hada! ¡Soy libre gracias a Lucy!, estaba encerrada. Pero vamos pequeños, síganme. Y volando con sus alitas plateadas y dejando en su camino muchas chispitas de todos colores. Comenzó a guiar a los niños, con su varita toco una puerta y allí estaba Manuel sentado en el suelo entre un montón de juguetes,distraído y jugando con todos.
 Andy y Lucy entraron corriendo hacia él. Hablaban casi los dos a la vez. -¿Dónde estabas? ¡Nos asustamos mucho! ¿Cómo llegaste aquí? Manu respondió: -¡No lo sé! Vi unos escalones, baje y me encontré en esta sala llena de juguetes. ¡Miren! ¡Miren! Los autos, los trencitos. ¡Lucy mira las muñecas! Los niños nunca habían visto tan bonitos juguetes, casi no los conocían,no tenían ninguno de ellos en sus humildes casitas.
 El hada los contemplaba sentada arriba de una vieja repisa, y dijo: -¡Bueno niños! Mientras juegan un rato más, yo tengo trabajos para hacer. Y salió como una rafaga, de la sala. Manuel los miró y dijo: ¿Es un juguete el que habla? Andy respondió: -¡No! Es un hada, dueña de esta caja y nos ayudó a encontrarte. Lucy comentó: -Estaba encerrada. ¡Pobrecita!... ¡Pero que hermosos juguetes! Andy dijo: "¡Ya es tarde! Hablemos con el hadita. A ver si nos deja volver otro día."Lucy grito -¡Si! ¡Si! Quisiera jugar con las muñecas. Salieron de esa habitación y fueron hacia la sala, miraron a su alrededor y todo brillaba. El hada volaba sobre los muebles, paredes, techos, tocando todo con su varita mágica dejando estrellitas.

Los tres, tomados de las manos miraban asombrados. El hada dijo: ¡Ya está! ¡Mi hogar volvió a ser lo que era! ¡Ah! casi lo olvido! Falta algo. Y girando, girando comenzó a formar arcadas de flores, todo se inundo en un agradable perfume.
Andy pregunto: -¡Hada! ¿Nos dejarás volver algún día? Manu dijo: -¡Si! ¡Si! Por favor, queremos jugar. El hada contesto: -"¡Claro que si! ¡Vuelvan cuando lo deseen! Este es mi lugar y a partir de ahora es vuestra casa también. Ya que me devolvieron a mi morada… su premio será ¡jugar juntos en la habitación de las fantasías!"Lucy murmuró: -¿Qué es la habitación de las fantasías?
El hada contestó: -Es el lugar que Manuel descubrió, el cuarto de los juguetes, pero guarden el secreto, solo ustedes pueden volver. Los niños salieron del lugar felices por lo que habían descubierto. La casa era tan bella por dentro y por fuera. Se juraron no decir nada a nadie; y al otro día se alistaron para ir nuevamente a la casa de los fantasmas, como solía llamarla la gente grande; pero ellos sabían que era La casa del Hada, donde tenían su habitación llena de maravillas, que nunca habían visto. El hada los esperaba haciendo señales de lucecitas con sus alitas plateadas, los niños ya sabían que esa era la contraseña. ¡Era la hora de ir a jugar!...
¡FIN! Pero ¿...Será éste, el fin de la historia?...  Norma Beatriz Correa
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